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El futuro de Rotary, ponencia de José Antonio Salazar en el Instituto de Monterrey

Predecir el futuro es un sueño tan antiguo como la historia humana, y clave del dominio de los astrólogos. Anunciar lunas y eclipses permitía amedrentar, mediante un poder que no tenían pero con efectos indudables.

Invariablemente, las predicciones han fracasado.  En 1830, el astrónomo Lardner anunció que “Un hombre viajando a más de 50 kilómetros por hora se asfixiará”. Por su parte,  Lord Kevin concluyó en 1902 que “un objeto más pesado que el aire jamás podrá volar”.

Con absoluta seguridad sólo podemos predecir cosas como la salida del sol. Tanto cambia todo que la carne que nos obligaban a comer porque era buena se volvió mala, y la prohibida marihuana resultó medicinal. “Vivir para ver”.

Pese a todo, “hablar” y elaborar hipótesis sigue siendo fascinante. El límite es el poder de la imaginación, que es tan infinita como la estupidez humana.

“Lo que uno piensa otro podrá convertirlo en realidad”, escribió Jules Verne.  

Los “descubrimientos imaginarios” incluyen desde los submarinos imaginados por Verne a los viajes espaciales de H. G. Wells; el “Gran Hermano”,  los teléfonos celulares y las televisiones de reloj de Dick Tracy; la geo-referencia de Batman, los hombres voladores como Supermán…

Oigan esta historia: En Los Ojos de la Oscuridad,  publicado en 1982,  Dean R. Koontz presenta un personaje que huye de China y menciona la “Wuhan-400” como el arma perfecta: 400 microorganismos sintéticos que solo afectan –mortalmente- a los humanos.

En esa obra, Koontz anunciaba: “Alrededor de 2020 una severa neumonía se esparcirá a través del globo terráqueo, atacando pulmones y conductos bronquiales. Será resistente a todos los tratamientos conocidos…”. ¡El coronavirus, con 38 años de anticipación!

Igual que nuestras economías, en Rotary los latinoamericanos dependemos de otros, que cuentan nuestra historia y, –peor-, orientan nuestro futuro. En foros como éste nos reunimos quienes venimos de un Rotary glorioso y aspiramos a un futuro mejor, recuperando nuestro potencial.

No pretendo frenar el desarrollo, sino frenar la pérdida de influencia de los clubes, derivada del ansia por aumentar los números a cualquier precio.  

De promotores de grandes causas pasamos a gestores de pequeñas beneficencias. De promotores de la erradicación de la Polio terminamos los rotarios siendo “colaboradores” de la Fundación Gates, como anunció hace pocos números The Economist.

En 2019, en esta misma palestra, contaba de un club que después de liderar la creación de una universidad, hoy con miles estudiantes y después de gestar el aeropuerto regional, hoy presenta orgullosamente su “obra bandera”: repartir almuerzos suministrados por el gobierno en guarderías también del Gobierno. Linda obra, pero triste final de la grandeza.

¿Por qué sucedió esto? ¿Qué pasó?  En aras del número, en crudas palabras, abaratamos a Rotary. Lo único bueno y perdurable fue incorporar a las mujeres a nuestra organización.

Preocupa la abulia, la desesperanza que agobia a nuestra región. ¿Saben cuántas propuestas presentaron los clubes de la zona 21A en el pasado Consejo de Legislación?  Ni una. ¿Y los de Latinoamérica y del Caribe?  Una de Argentina, dos de Brasil. Ninguna fue aprobada.

El fenómeno de la apatía frente al futuro es global. Hablamos mucho, tal vez demasiado, de la necesidad de cambiar, pero poco o nada hacemos para promoverlo. Esperamos que otros lo hagan.  Antaño tuvimos Consejos que discutieron más de mil propuestas. En 2019, menos del 10% de los países que integran  la organización plantearon soluciones futuras a los problemas presentes.  Sólo se presentaron 117 propuestas de enmienda. 58, -el 50%- provinieron de cuatro países y la Junta Directiva.

Peor: en un cuadro suministrado por el delegado votante de mi Distrito, el Past-Gobernador Carlos Alberto Arango: de las 47 reformas aprobadas (40% de las presentadas),  93% provenían de la Junta Directiva; el resto de Japón, India, Francia y Estados Unidos.

Considerando el número de distritos, el porcentaje de participación es tan insignificante que debemos considerar  si hacer a distancia el próximo Consejo de Legislación.

No faltan ideas. Las hay y muchas. Oímos continuas y razonadas críticas al estado de los clubes y en general a la organización, sustentadas por quienes podríamos plantear propuestas de avanzada. ¿Y soluciones? Pura palabrería hueca, tan inútil como la danza de los indios por la lluvia en el desierto.

Recuerdo al gran presidente Raja Saboo quien un día me dijo. “Es importante que los hombres tengan ideas, pero es más importante que las ideas tengan hombres”.

Auscultar el futuro es esfuerzo motivante. Hay un sentimiento prerracional, una “música interior” que me impele a pregonar mis verdades aún en contra de las conveniencias políticas y del pensamiento de muchos amigos que todavía creen en la consigna esterilizante del número.  Liderar genera resistencia.

Myriam me aconsejó un día cuando quería ser presidente de RI: “Si quieres que todos te amen reparte helados”. En estos casos quisiera ser marxista, como Groucho Marx, para cambiar mi intransigencia y poder decirles: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”. Mutante, como el clima de Monterrey.

Queríamos, como en la canción, “tener un millón de amigos”. Lo logramos: llegamos a cerca de 1,250,000.  Hoy luchamos por NO llegar al millón, pero en cuenta regresiva. Después de bajar a menos de 1,150,000 hace un par de años, ya somos nuevamente cerca de 1,200,000.  Amigos, Socios o Rotarios es otro tema.

Holger Knaack, nuestro presidente Electo, reconoció que las estrategias de crecimiento enfocadas al número han fracasado y que debemos propugnar un desarrollo integral de los clubes. Finalmente, las directivas aceptan que no necesitamos ser más sino ser mejores; que el aumento del número de socios debe ser consecuencia, no meta. Es decir, aceptan el concepto del “Círculo Virtuoso”.   

El presidente Maloney, tímidamente, sugiere invitar a la familia a Rotary. Es la cuna de los valores sociales, que se debate hoy ante las arremetidas de los enemigos de la institucionalidad. Personalmente veo a la familia como tabla de salvación para Rotary y la sociedad. Familias enteras predicando y practicando los valores rotarios. Habrá que reglamentarlo, para evitar el funesto nepotismo que tan caro ha costado en algunas regiones.

El presidente Holger presentó unas propuestas que seguramente se encargará de que lleguen al próximo Consejo a través de la Junta Directiva. Se refieren al medio ambiente como tema de interés, a promover los e-clubs; a promover el ingreso de los jóvenes a Rotary y a reducir más los costos del honor de ser rotario.

Por mi parte, discrepando de algunos puntos, especialmente del último, le espeté:

•    Los e-clubs, baluartes de la informalidad, son adecuados para quienes tienen problemas para reunirse, pero siguen siendo mejores los clubes presenciales.  El noviazgo por correo y el sexting pueden ser divertidos, pero son mejores los encuentros personales.

•    Excelente la iniciativas de bajar los costos de las reuniones, pero acrecientan el riesgo de la  mediocridad económica. Lo bueno cuesta. “No todo es dinero. Hay otras cosas pero…! cuestan tanto!”.

•    Pocas reglas, menos tradiciones…  peligrosa tendencia a ignorar el pasado y por ende a repetir los errores.


En el futuro veremos flexibilizar los protocolos y continuar reduciendo los requisitos, quizás haciendo más atractivo el ingreso, pero arriesgando la impoluta imagen de confiabilidad de quienes portamos la insignia rotaria.

Robert Barth repetía que “quien ve el logo de Rotary, ve una persona confiable”. ¡Pero hace 27 años! Mucha agua ha pasado por los puentes, y muchos han ingresado saltando una barrera de requerimientos cada vez más baja.

Coincido con Holger en que “debemos hacer a Rotary más atractivo para las siguientes generaciones”, pero…

En respuesta a las anteriores iniciativas pro-juventud propuse algo que espero ustedes apoyen, modificando lo modificable y llevando las ideas a quien corresponda.

Con la benevolencia de quienes me oyeron en Mérida, repito:

“Y para los viejos: ¿qué?”

Está bien crear incentivos para los jóvenes, pero no nos olviden.

Perdimos el privilegio de la clasificación de veteranos activos, cuando las clasificaciones y la asistencia perdieron importancia. Ahora solo nos tienen en cuenta porque afectamos los “índices de mortalidad”. Nos ponen en el rincón de los trastos viejos, con los “cartuchos quemados”, como dice Frank Devlyn.

En nombre de los viejitos aquí presentes, pedí al Presidente Holger que propusiera a la Junta Directiva algunos beneficios para los mayores de edad:

•    Muchos rotarios jubilados tienen ingresos limitados. Liberémoslos de las cuotas de mantenimiento o rebajémoslas. Concedámosles descuentos en las inscripciones a eventos, o eximámoslos. Ya bebemos poco y comemos menos. Casi todo nos hace daño.

•    Los trenes, buses y Metros tienen sillas para ellos. ¿Por qué no reservar sitios especiales en los eventos, para que no tengan que correr o subir gradas para buscar puesto, compitiendo con quienes nos ganan en habilidad y fuerza?

•    Asistir a eventos se ha vuelto de “alto riesgo” para los mayores. Escaleras, puentes, acceso a transportes… En el RIMEX de Mérida ocurrieron dos accidentes en la noche de gala, en la prisa por abordar, compartida con jóvenes impetuosos que corrían más…

•    En aeropuertos, restaurantes, e incluso en los bancos, donde no hay consideraciones para nadie, hay filas especiales determinadas por la edad.


Hagámoslo, para expresar gratitud a quienes han servido por años. Así, llegar a 20 o 30 años de servicio será una meta con beneficios tangibles. Cosas que no cuestan, pero que se agradecen.

Termino con un lamento y una invitación: evitemos que sean otros quienes escriban nuestra historia. Mantengamos en Rotary la mente abierta para escuchar las voces con mentalidades distintas o incluso opuestas a nuestra visión del universo rotario, practiquemos el respeto y la tolerancia, porque abrirán alternativas.  Que no se nos castigue a los disidentes. Pensar distinto no puede convertirnos en enemigos.

No lamentemos 20 años sin un presidente latinoamericano. Trabajemos, recuperemos nuestro liderazgo. Recuperemos la Campaña Polio que tanto nos ha costado, reconociendo, eso sí, la ayuda de quienes han aportado pero mantengamos la bandera que nos entregó Carlos Canseco. No la vendamos, cual renacidos Santanas, por unos millones de dólares.  Juntos, escribiremos nuestro futuro.

Gracias.

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