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Volver a lo esencial, una oportunidad en medio de la crisis

ADRIANA ROMERO – CAROLINA VELÁSQUEZ

Psicólogas  Centro de Asesoría Psicológica y Salud Universidad Javeriana

Nos encontramos en un momento histórico de la humanidad caracterizado por la incertidumbre y el temor a lo desconocido. La llegada del SARS-CoV2 al mundo, sin duda representa una amenaza permanente a la salud pública e individual, un desafío a la economía global y un enorme reto para sobrevivir.

Esta realidad inesperada, avasallante y sin duda incontrolable, nos conecta con la propia vulnerabilidad; las certezas se diluyen, así como la perspectiva de futuro que hasta el momento teníamos. Las dinámicas de relación, que parecían naturales, así como las rutinas diarias, se ven impactadas por la urgente necesidad de aislamiento para protegernos como comunidad. Es la paradoja de “estar lejos para conservarnos unidos”.

Ha sido necesario desplazar a nuestro ego, hacernos a un lado como especie, para dar paso a un nuevo orden, una nueva ecología y un nuevo modo de ser y estar en el mundo. Estamos viviendo en palabras del Padre Francisco en la carta encíclica Laudato, “la urgencia y la necesidad de un cambio radical en el comportamiento de la humanidad, porque los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes y el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados por un auténtico progreso social y moral, se vuelven en definitiva contra el hombre”.

De otro lado, estamos presenciando numerosos esfuerzos a nivel científico, educativo, económico y en los sistemas políticos y de salud, para afrontar de la mejor manera lo que estamos viviendo y lo porvenir.

Sin embargo, mientras emergen las acciones más pertinentes y se consolidan aquellas que se han puesto a prueba, la realidad de algunas personas que han tenido que estar solas o en compañía de las personas más cercanas en sus hogares, ha permitido volver la mirada sobre sí mismos.

Esta mirada implica varios retos, teniendo en cuenta que nuestra identidad-quiénes somos y cómo construimos nuestra realidad- está enmarcada por nuestras relaciones, por la manera como interactuamos socialmente, así como por las narrativas que otros hacen sobre nosotros.

Estas narrativas y construcciones se enmarcan en los distintos roles que asumimos y en los espacios que habitamos para desarrollarlos, a partir de lo cual se fundamenta gran parte de nuestra estabilidad, seguridad y equilibrio. De igual forma, la consolidación de nuestra identidad y de nuestras dinámicas de relación, están enmarcadas en el contexto social, cultural e histórico en el que nos encontramos inmersos.

Es así que, la crisis surgida de esta pandemia, nos lleva a habitar nuestros espacios de una manera diferente, esto conlleva a una relación distinta con nosotros, con los demás, con nuestro cuerpo, e inevitablemente nos lleva de vuelta a reconocernos y explorar nuevas formas de comprendernos y narrarnos.

Estar en nuestro espacio privado en casa, nos mueve a preguntarnos por nuestro espacio interior, por lo que acontece en nosotros, situación que muchas veces no es fácil, especialmente en un contexto que nos ha constantemente conectado con el exterior, en lógicas de productividad que, llevadas de manera excesiva y sobrevaloradas, nos desconectan de quiénes somos realmente y de lo que queremos para nuestras vidas. Habitar y encontrarnos con nosotros, puede conducirnos a reconectarnos con las preguntas vitales de la existencia, de nuestro sentir, de contactar con nuestras emociones, de escuchar y atender nuestras necesidades vitales.

Esta crisis puede ser la oportunidad de seguir desarrollando nuestra capacidad de resiliencia, la cual permite trascender el conflicto y la dificultad, teniendo en cuenta que no significa negarlo, por el contrario implica atravesarlo, incluso aceptarlo, y a su vez reconocer recursos personales y sociales que nos permitan aprender, crecer y transformarnos a partir de él, lo que nos permite tomar consciencia de nuestra capacidad de reinventarnos, de transformarnos, de crear nuevas formas de relacionarnos. Nos puede invitar también a hacer conciencia sobre el valor del encuentro consigo mismo y con los otros, recordar que somos, porque coexistimos con esos otros, y que nuestras acciones y decisiones nos afectan mutuamente de manera significativa.

En definitiva, podemos reconocer esta crisis como una oportunidad de pasar de una actitud solamente productiva centrada en el logro, a una actitud contemplativa en la acción, donde podamos reinventarnos, resignificarnos, integrar lo que hemos aprendido y vivido, así como volver a lo esencial, recuperar el valor de lo cotidiano, lo sencillo, lo creativo, fluir en el acontecer del presente y conectarnos con otros sentidos vitales que nos lleven a recuperar o construir nuevos sentidos y nuevos vínculos, para aportar a la construcción de un mundo más equitativo, justo, sencillo y solidario.

Comment(1)

  1. REPLY
    Clelia Gualteros C. says

    Excelente reflexión. Muy elocuentes esas palabras. Es realmente lo que estamos viviendo lo q jamás pasó x nuestras mentes el panorama existente.

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